Chile, en esos momentos, es un país conmocionado por la guerra y las convulsiones internas aún latentes producto de las disputas entre los mismos patriotas. Para lograr poner orden, Bernardo se apoya en la Logia Lautarina en el aspecto político, y en lo emocional, en su círculo más íntimo, formado por su madre, el General Luis de la Cruz y el general José de San Martín.
La Logia ve a los hermanos Carrera y a Manuel Rodríguez como elementos perturbadores en la marcha de su plan orden y en su proyecto de liberar la América toda. La muerte de estos oponentes, aunque legalmente justificada, cae sobre ellos como una oscura sospecha tiñendo también inevitablemente el gobierno de O’Higgins. Bernardo, debe redoblar sus esfuerzos para mantener el orden y cumplir el compromiso de armar la Escuadra Libertadora del Perú a toda costa, hechos llevados adelante con voluntad inquebrantable, que terminan aislándolo del todo y precipitan su caída.

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